Cuando llega el desánimo…

 

Números 21:4-9

El desánimo es normal en cualquier persona, aun cuando sea cristiano. Pero ¿por qué nos desanimamos? Normalmente, es por el no cumplimento de expectativas creadas en torno a una determinada meta o respecto a lo que esperamos de una persona o, también, por la demora que en ocasiones se produce sobre algo que esperamos alcanzar. En el caso de los cristianos, se añade “la falta o demora” de respuesta por parte de Dios. El caso es que el desánimo genera una frustración que, de no ser tratada adecuadamente, puede suscitar un peligro: la queja o la crítica.

Ejemplo de lo dicho lo vemos cuando los israelitas se desanimaron por el camino por causa de un camino tortuoso y desértico. Los de Edom no permitieron que el pueblo de Israel cruzasen su territorio y esto alargó el trayecto hasta provocar un estado en el pueblo de desánimo por no ver cumplidas las expectativas de alcanzar la tierra prometida. Consecuencia de ello, comenzó a despertarse una severa crítica contra Dios y contra Moisés que acabó provocando un juicio divino en forma de serpientes altamente venenosas que acarreó la muerte de miles de personas por causa de sus mordeduras. El remedio para contrarrestar este veneno mortal fue la orden de Dios a Moisés de fabricar una serpiente de bronce que debía ser levantada de forma que todos los del pueblo la pudiesen mirar en el momento de ser mordidos por una serpiente y quedar inmunes al veneno y salvar su vida.

La aplicación de este relato en el tiempo que nos toca vivir, es muy clara. Vivimos rodeados de un ambiente altamente crítico y, en consecuencia, asistimos a una sociedad contaminada por la murmuración existente dentro de las familias, en la calle, dentro del escenario político y en el orden profesional.

La gente maneja mal la frustración que genera el incumplimiento de ciertas expectativas y la tendencia común es quejarse indiscriminadamente.

Pensando en el ejemplo bíblico señalado, si bien las serpientes no andan sueltas por nuestras calles, si que está latente el espíritu de la serpiente; su mordedura es fatal cuando se abre espacio a la murmuración y su veneno genera muerte amarga que acabará destruyendo la felicidad personal y de la propia familia.

Muchos cristianos también se desaniman por el camino porque no han visto cumplidos sus anhelos en el tiempo esperado. En muchas ocasiones, Dios permite que transitemos por procesos bien tortuosos y desérticos sin que ello signifique que estemos fuera de Sus planes. Simplemente, transitamos por caminos que son parte de un proceso que debemos aceptar siempre con gratitud y jamás permitir que la queja nos lleve a hablar mal de Dios, de la Iglesia o de nadie.

 

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Precisamente, en Sendero de la Cruz, hemos venido dando algunos rodeos por razón de algunos obstáculos que no facilitaron alcanzar ciertos objetivos. Pero ha sido fantástico disfrutar a nuestra Comunidad cuando en medio de la presión ha sabido encajar la frustración para seguir avanzando a pesar de los momentos en que el desánimo afloraba para condicionar nuestra marcha.

Pensando en ti, es posible que en algún momento sufras la mordedura de la serpiente ante un momento de debilidad emocional o espiritual. Pero recuerda que el antídoto no ha caducado. Ante el pecado de la crítica, mirar con ojos de fe a la Cruz hará posible que su poder traiga perdón y sanidad para ser restaurado. Incluso, estoy seguro que el ambiente dentro de tu círculo habitual de amigos y familia será afectado positivamente por tu actitud frente a al presión del momento y, por consiguiente, contribuirás a una transformación en tu comunidad en contraposición con la tendencia quejumbrosa de quienes son arrastrados por el tumulto de los frustrados o sin esperanza.

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