Hasta aquí nos ayudó el Señor

Ebenezer, significa piedra de ayuda. Fue el nombre que puso el profeta Samuel a una piedra colocada como monumento o memorial por las victorias continuas que Dios había propiciado a favor de Israel (1ª Samuel 7:12). Precisamente, esa piedra fue colocada en Mizpa, donde los israelitas perdieron la batalla y el arca ante los filisteos. Sin embargo, en esta ocasión, Dios propicia una victoria milagrosa para marcar el inicio de un nuevo comienzo. Por tanto, Samuel no quiere dejar pasar por alto el hecho de que en cada batalla librada y ante las amenazas permanentes de los enemigos del pueblo de Dios, siempre Dios fue fiel en prestar su ayuda y manifestar su mano poderosa a favor de los suyos.

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En nuestro caso, si bien no tenemos un monumento como el que levantó Samuel, si sabemos que Jesús es la principal Piedra sobre la que su Iglesia es edificada. De manera que, el acto de Samuel, anuncia la sublime verdad de que sin esa Piedra ni nuestra fe, ni la Iglesia se puede sostener. Es por eso que después de muchas batallas propias por los cambios experimentados en Sendero de la Cruz, podemos identificarnos plenamente con las palabras de Samuel “hasta aquí nos ayudó el Señor”. Y es que, desde luego, los que hemos vivido de cerca cada instante del camino recorrido, no tenemos la menor duda de que su mano poderosa nos ha sostenido y su provisión nunca ha faltado.

 

Con todo, si bien hemos experimentado la ayuda del Señor, no ha sido sin que muchos hayan hecho valer esa ayuda. No debemos olvidar que Dios actúa con quienes están dispuestos a ofrecer sacrificios, o dicho de otra manera, son fieles en sus compromisos. Por tanto, sabemos que Dios nos ha ayudado porque los que han estado portando la carga de nuestra Comunidad lo han hecho confiados en que Dios nunca nos dejará en manos de ningún filisteo, ni tampoco en la vergüenza de la pérdida sufrida por ciertos momentos difíciles que Dios ha permitido que experimentemos.

 

Así que, ante lo dicho, preparémonos para encarar el verano con el estreno de un nuevo lugar de culto aunque, esta vez, será como volver a casa. De hecho, después de 5 meses realizando nuestros cultos en el Salón de Actos del Colegio J.H. Newman, toca recuperar la estabilidad que, como Comunidad, no hemos disfrutado por causa de carecer instalaciones propias. Con todo, la ayuda del Señor no ha faltado y, lo más importante, hemos visto vidas venir a los pies de Cristo en este tiempo de peregrinaje, además de disfrutar la fidelidad de una Iglesia que ha estado a la altura de las circunstancias.

 

Una vez más, sonará la trompeta y tocará remover una vez más la tienda para plantarla en un nuevo espacio que estrenaremos con mucha expectativa. Entraremos en una nueva etapa recordando a Ebenezer, pero no para mirar atrás, sino para seguir adelante confiados plenamente en la fidelidad de un Dios que como hasta aquí nos ayudó, lo seguirá haciendo dándonos tremendas victorias y sustentándonos en cada paso del transitar del Sendero de la Cruz.

– Pastor Juan Carlos Escobar

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