Llamados a Su Mesa

LLAMADOS A SU MESA. 

2ª Samuel 4:4; 9:3-13

Palabra Pastoral. 8 de febrero de 2015

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La misericordia de Dios siempre nos brinda nuevas oportunidades para emprender nuevos comienzos. Esta es la realidad de cuando nos convertimos a él y, desde luego, es una constante que experimentamos  diariamente con Jesús.

El Señor nunca nos dejará en el desamparo o abandonados en la deriva provocada por nuestros desaciertos. Su propósito siempre estará presente en cada acción de su Espíritu para adentrarnos en sus caminos y guiarnos hacia sendas nuevas repletas de oportunidades, aun cuando éstas conlleven batallas contra los gigantes que están apoderándose de los espacios que nos pertenecen y que debemos pisar para dar cumplimiento a las promesas.

Algunas de las claves básicas para avanzar hacia el cumplimiento del propósito de Dios en nuestras vidas tiene que ver con saber escuchar el llamado de Dios para salir de estados provocados por heridas que nos han lisiado el potencial y han frustrado maravillosos sueños propios del destino por el que hemos sido creados.

 

CUANDO LOS TRAUMAS LISIAN NUESTRO POTENCIAL

Hablar de heridas, es lo mismo que hablar de traumas. Y hablar de traumas, estamos hablando de las consecuencias de los golpes que nos han sido infringidos o, quizás, por  las caídas de nuestra errada inercia de vida. Como quiera que sea, lo cierto es que una persona traumatizada difícilmente logrará alcanzar una vida de plenitud o, lo que es lo mismo, ver cumplido el propósito de Dios en su vida.

Con todo, Dios no nos desampara dejándonos sin esperanza. Nunca Dios nos dejará en el olvido por más que las circunstancias presentes nos digan lo contrario. Esto es, precisamente, lo que la historia de Mefiboset nos ilustra; Dios hizo misericordia y se acordó de quien habiendo sufrido un terrible trauma, quedó por largos años en el olvido, a pesar de su condición de príncipe.

 

LODEBAR, UN LUGAR ALEJADO DEL PROPÓSITO DE DIOS

Lo que Mefiboset experimentó en su niñez, en primer lugar, fue un trauma familiar, al perder a toda su familia en una cruenta batalla en donde, precisamente, su abuelo Saúl y su padre Jonatán perecieron (2ª Sm. 1) Pero, al trauma familiar, se une la lesión de por vida provocada cuando con cinco años se deslizó de los brazos de su nodriza y cuando ésta huída para preservar la vida del niño, dañándose así ambos pies (2ª Sm.4:4)

Pero, todo trauma familiar o físico, muchas veces conllevan consecuencias sociales. Así vemos cómo Mefiboset fue recogido por Maquir y llevado a Lodebar, lugar cuyo significado vine a ser sin pasto, sin fruto. Por tanto, esta situación social provocaría une al trauma emocional que le lleva una pronunciada baja autoestima evidenciada cuando, como luego expresaría al rey David, llego a considerarse como un perro muerto, es decir, sin valor alguno (2ª Sm. 9:8)

Como consecuencia final, muchos de los que acaban traumatizados en la vida, sucumben ante el pensamiento de considerarse olvidados de Dios y de sus propósitos. Por tanto, se apodera la incredulidad de sus vidas acabando postrados en el desamparo y, consecuentemente, inmersos en un desierto espiritual propio de quien se siente abandonado por Dios y olvidado de sus promesas.

 

LLAMADOS A SENTARNOS EN LA MESA DEL REY

Al igual que Mefiboset, todos hemos sido traumatizados por la caída de nuestros primeros padres. A este trauma global en la humanidad, se unen las heridas provocadas por nuestras propias caídas, pérdidas o golpes de la vida. Lo cierto es que acabamos desterrados en Lodebar, lugar “sin pasto” en el que nuestras vidas entran en un despropósito y alejados de nuestro destino.

Pero, al igual que sucedió con Mefiboset cuando fue llamado por el Rey David (2ª Sm. 9:5), nosotros también somos llamados por el Rey Jesús para dejar Lodebar y sentarnos a la mesa del Rey para disfrutar de su pan, de su vino y aceite.

El rey David fue inquietado por el Espíritu Santo para tener misericordia de Dios cuando dijo: “¿ha quedado alguieno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios?” (2ª Sm. 9:3) Así, de igual forma, Dios hará manifiesta su misericordia cuando de una forma no merecida, ni imaginada, seremos llamados a salir de Lodebar para entrar dentro de los propósitos divinos para emprender el camino de un nuevo comienzo.

 

LA RESPUESTA A LA MISERICORDIA

Pocos son conscientes de la importancia de tener una correcta actitud frente a la misericordia de Dios. De ahí que merezca la pena observar cómo Mefiboset mostró en todo momento una actitud sumisa al postrarse ante el Rey con temor, reconociendo su condición de siervo y carente de derecho alguno (2ª Sm. 9:6-8).

Lo habitual es que quienes viven en estado traumático, deben reconocer que el acercamiento a Dios debe ser en temor, en reverencia y sin exigir derechos. No hay que la misericordia da espacio a las exigencias, todo lo recibido por misericordia es favor, regalo.

En esta misma línea, todos somos llamados por Dios para entrar en sus propósitos gracias a su misericordia expresada en el sacrificio de Jesús, quien con su muerte en la cruz nos abrió el camino de la Salvación, al comienzo de una nueva vida.

 

QUITADA LA VERGÜENZA

El significado del nombre de Mefiboset habla de quien porta vergüenza. Sin embargo, por la misericordia de Dios, fue restaurado a una posición propia de su condición de príncipe, no de su estado físico. Salir de Lodebar significa abandonar la vergüenza y el olvido.

También, en este año 2015, Sendero de la Cruz conforme a la misericordia de Dios, llamamos a cuantos viven en Lodabar, para sentarse a la mesa del Rey y disfrutar de un destino acorde a los propósitos divinos.

Que nadie quede fuera de sus propósitos. Vengamos con temor reverente ante Dios y postrémonos ante quien nos puede levantar para alcanzar nuestro destino. Lodebar no es parte de nuestro nuevo comienzo; ningún trauma condicionará nuestro futuro.

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