Sendero de la Cruz

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Deseos y sueños

Hay muchas ocasiones en las que, en nuestro corazón, se instalan sueños y deseos que, según nosotros, son claves para ser felices. Una casa, un trabajo determinado, un marido o una mujer a los que hemos puesto nombres y apellidos, un hijo…

Son tantas y tantas las opciones que, muchas veces nuestras oraciones, en lugar de ser una conversación con Dios, parecen más una lista de la compra.

A ver, estamos de acuerdo en que, muchas veces, esos sueños y deseos los pone Dios en nuestro corazón o mente, pero muchas otras, por no decir la mayoría, somos nosotros mismos.

Por eso es tan importante orar y hacerlo bien. Cuando oras ¿Qué es lo primero? Si tu respuesta ha sido pedir por los demás, o dar gracias por el día… disculpa a esta simple mortal, pero… estás equivocado.

Jesús, en la Biblia nos enseñó a orar a petición de sus discípulos. Nos enseñó el Padre Nuestro, no para que lo repitamos una y mil veces, si no para que sepamos como debemos acercarnos a Dios y como y que pedir.

Además, no debemos olvidar que tenemos una ayuda que no tiene precio: El Espíritu Santo ora con nosotros y por nosotros en todo momento. Él vive en nuestro corazón y nos conoce tanto como Dios.

Jesús nos dijo que no hiciésemos vanas repeticiones en oración, y día tras día oramos por lo mismo ¿Crees que Dios, que tanto te ama, no sabe lo que quieres o necesitas? Lo que quiere, lo que Él te pide, es que pongas su voluntad por encima de la tuya, y su reino y la búsqueda de este por delante de todo.

¿Te acercas a Él como un hijo a su padre? ¿Le das toda la gloria, la honra y el valor a su nombre y a su reino? ¿Le buscas a él y a su voluntad lo primero para que lo demás te sea dado por añadidura o esperas que su reino sea el que venga a ti por añadidura?

A sabiendas de que el pan, el perdón nos los da por amor ¿le sigues pidiendo y agradeciendo por ello? Dios es amor, conoce nuestras necesidades mejor que nosotros mismos ¿y nuestra vida?

Oh! Él tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros. También es cierto que nos ha dado el libre albedrío para decidir lo que queremos y por donde queremos ir. Pero siempre que pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, su volundad por delante de la nuestra.

Entonces, y sólo entonces, podemos estar seguros que esos deseos y sueños son de Él y vamos por el buen camino. ¡Cuantos disgustos nos quitaremos!

P.