Sendero de la Cruz

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Una puerta abierta grande

“Hay una puerta abierta grande y eficaz”

(Apóstol Pablo, Carta de 1ª Corintios 16:9)

Una puerta es algo muy cotidiano en la vida de todos nosotros. Y, de hecho, es uno de los elementos más ancestrales de la historia de la humanidad. Las puertas, en realidad, siempre han existido en forma de piedras, de madera, metales y hasta en forma de líneas imaginarias entre determinados puntos de referencia que servían para delimitar espacios. Esas puertas han servido para esclavizar o dar libertad; han dado paso a una etapa en la vida, para bien o para mal; nos han abierto la posibilidad de viajar, trabajar, poseer, amar, prosperar o empobrecer.

Hoy, ante las difíciles circunstancias que venimos atravesando, es normal que todos estemos buscando una puerta que nos de esperanza para nuestro porvenir. Pero, ¿existe realmente esa puerta? ¿cómo saber que es la puerta acertada? Sin duda alguna, esa puerta puedo asegurar que sí está. Es una puerta real y muy próxima a ti. La puerta a la que me estoy refiriendo es la persona de Jesús, su mensaje, su vida, su sacrificio y el poder de su Presencia que promete acompañarte todos los días de tu vida.

Así que, cuando Jesús dijo: “Yo soy la Puerta” (Evangelio de Juan 10:9), precisamente se está refiriendo a la condición de una humanidad que, como ovejas sin pastor, transitan por la vida dispersas y sin esperanza. Esta condición del ser humano, no es algo novedoso por razón de una pandemia. Aunque también es cierto que la crisis pandémica ha evidenciado nuestro estado personal y social cuando vivimos alejados de Dios.

Con todo, seguimos necesitando una esperanza para poder creer que todo saldrá bien pero, como Dios no es de nuestro interés o prioridad, quedamos a merced de una esperanza puesta en las cosas o en las personas, la cuál resultará vana por ser una esperanza efímera o temporal. Así que, tristemente, acabamos sufriendo las consecuencias de ver frustradas nuestras expectativas de futuro quedando atrapados en esos ciclos de frustración, fracaso y temor que evidencian nuestra total fragilidad e impotencia para garantizar nuestro porvenir.

Así que, ante la que está cayendo, probablemente estés buscando encontrar una puerta que te indique: Salida. Pero no te puedes equivocar, escoge bien y atraviesa una puerta que verdaderamente te conduzca a la esperanza. Busca la puerta que te abra el espacio a una vida nueva; que te abra la oportunidad para recibir paz, libertad, sabiduría, poder, prosperidad… Pero, sobre todo, que esa puerta te lleve a la reconciliación con el Creador y que, en medio de tu crisis, puedas descubrir una dimensión trasformadora y poderosa que te guíe a un nuevo nacimiento, a una nueva normalidad en la que Dios ocupe su lugar en tu vida.

Te aseguro que delante de ti hay una Puerta abierta grande y eficaz. Jesús es esa Puerta que te introduce en el redil de las ovejas que han encontrado al Pastor y pueden dejar de vivir errantes y sin futuro ¿quieres entrar por ella? Es más, ¿quieres tú ser una señal que ayude a otros a encontrar la verdadera esperanza para su porvenir? Te animo a que por la fe atravieses la Puerta de Esperanza que hoy se abre delante de ti.

Pr. Juan Carlos Escobar Carrasco