Sendero de la Cruz

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Día a día

Hubo algunos que no le hicieron caso a Moisés y guardaron algo para el día siguiente, pero lo guardado se llenó de gusanos y comenzó a apestar. Entonces Moisés se enojó contra ellos. (Éxodo 16:20 NVI).

Es un hecho muy común en nuestros días comer “sobras”. En un momento de prisas, aun de escasez recurrimos a lo que sobró del día anterior, recalentamos la comida que quedó en el frigorífico sin consumir y ya está.

Esto pudiera ser, y de hecho lo es, un recurso válido, pues es incluso una ayuda para nuestras economías, tan agredidas en estos días, y nos ayuda a administrar recursos, a fin de darles mayor duración.

El problema tiene que ver cuando trasladamos esta práctica al mundo espiritual, cedemos ante las prisas, la dejadez, la falta de una disciplina propia, dejamos la oración diaria, la lectura diaria de las Escrituras, el estudio continuado de la bendita Palabra de nuestro Señor, la búsqueda, yo diría que ineludiblemente vehemente, de conocer su voluntad para nuestras vidas. Nos sustentamos de momentos aunque hermosos ya pasados, de experiencias puntuales, y en el colmo de la ignorancia, no vividas por nosotros mismos.

Damos gracias a Dios por lo que Él ya ha hecho en nuestras vidas, por su misericordia, por sus favores inmerecidos.

Alaba, alma mía, al Señor;  alabe todo mi ser su santo nombre.
Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias;
él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión;
él colma de bienes tu vida a y te rejuvenece como a las águilas. (Salmo 103:1-5 NVI).

Nuestra esperanza nace de lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas, pero ha de ser diariamente renovada, con nuevo alimento, refrescada con aguas nuevas y frescas, vivificada por el Espíritu Santo.

Danos hoy nuestro pan cotidiano. (Mateo 6:11 NVI).

Cada día hemos de buscar su rostro en oración.

Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré;
Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
En tierra seca y árida donde no hay aguas,

Para ver tu poder y tu gloria,
Así como te he mirado en el santuario. (Salmo 63:1-2 RV60).

Madrugar no implica necesariamente una hora temprana, sino que la búsqueda de Dios ha de tener un lugar prioritario en nuestras vidas, lo primero, incluso antes de lo que creamos necesario. Es una insensatez iniciar el día sin haber tenido un encuentro con nuestro Dios. El mundo es una terrible selva que precisa de la presencia de Dios en nuestras vidas.

Hemos cada día de leer las Escrituras, de buscar pastos frescos, que nos den fuerzas, ánimo y visión.

Dichoso el hombre….sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. (Sal 1:1a-2 NVI).

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Romanos 8:14 RV60).

Hemos de vivir en la llenura continua del Espíritu Santo, beber cada día de su fuente vivificadora. Ser llenos del Espíritu Santo no es una opción en la vida del cristiano, es una necesidad y un mandamiento.

Juan Mimbrero